El elemento más preciado del mundo - El Tiempo

El tiempo

La vida sigue su curso mientras esperamos el momento perfecto.

Hay algo curioso en la forma en que vivimos el tiempo.

Mientras estamos inmersos en la rutina, los días parecen largos.

Pero, cuando miramos hacia atrás, los años han pasado en un instante.

Y entonces aparece esa sensación difícil de explicar.

La de preguntarnos:

¿En qué momento pasó todo tan rápido?




Vivimos haciendo planes.

Y eso no tiene nada de malo.

Imaginar el futuro también forma parte de vivir.

Soñamos con un viaje.

Con un nuevo trabajo.

Con una casa.

Con un proyecto.

Con ese momento en el que, por fin, todo parezca estar en su lugar.

El problema aparece cuando empezamos a creer que la vida comenzará recién entonces.


Nos decimos:

"Cuando tenga más tiempo..."

"Cuando termine este proyecto..."

"Cuando llegue el próximo año..."

"Cuando las cosas se calmen..."

Y, casi sin darnos cuenta, el presente se convierte en una sala de espera.


Mientras tanto, la vida ocurre.

En un café compartido.

En una conversación inesperada.

En una caminata sin apuro.

En una tarde cualquiera.

En un abrazo.

En una canción.

En esas pequeñas escenas que rara vez planeamos, pero que terminan ocupando un lugar importante en nuestros recuerdos.

Quizá la vida no esté escondida únicamente en los grandes acontecimientos.

Quizá también habite en esos momentos sencillos que solemos pasar por alto.


Tener metas sigue siendo importante.

Nos ayudan a orientarnos.

Nos invitan a crecer.

Nos muestran una dirección.

Pero también merece la pena disfrutar del camino que recorremos para llegar hasta ellas.

Porque, al final, una parte muy grande de nuestra vida sucede precisamente mientras caminamos.


Hay una imagen que vuelve a mí cada vez que pienso en el tiempo.

Imaginar nuestra historia como un libro.

Un libro que algún día miraremos hacia atrás.

Y preguntarnos:

¿Qué páginas estoy escribiendo hoy?

No porque cada día deba ser extraordinario.

Sino porque incluso los días más simples también forman parte de nuestra historia.


No sabemos cuánto tiempo tenemos.

Y quizá esa incertidumbre sea precisamente lo que vuelve tan valioso cada momento.

No hace falta vivir cada día como si fuera el último.

Pero tal vez sí podamos intentar vivirlo como si realmente fuera parte de nuestra vida.

Porque lo es.


Para seguir explorando...

Quizá hoy puedas detenerte unos minutos y preguntarte:

  • ¿Qué cosas importantes llevo demasiado tiempo postergando?

  • ¿Qué pequeño momento de hoy merece ser recordado?

  • ¿Estoy viviendo únicamente para el próximo objetivo o también estoy habitando el camino?

  • Si dentro de diez años recordara este momento, ¿Qué me gustaría haber hecho con este día?



El tiempo no siempre puede alargarse.

Pero sí podemos decidir cómo queremos habitarlo.

Y, a veces, una vida plena no se construye esperando el momento perfecto.

Se construye aprendiendo a reconocer la belleza de los momentos imperfectos.

Hasta el próximo viaje...



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